Ciudad de México, 02 de septiembre de 2026.- Las descargas eléctricas atmosféricas representan un peligro que suele pasar desapercibido en México. Entre 1998 y 2021, al menos 2 mil 470 personas perdieron la vida a causa de rayos, de acuerdo con un estudio realizado por investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El trabajo, elaborado por especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático, desarrolló un mapa nacional que permite identificar las regiones donde coinciden una elevada actividad de tormentas eléctricas y condiciones de vulnerabilidad social.

El análisis señala que el riesgo no está determinado únicamente por la frecuencia de los rayos. Factores como la pobreza, la ubicación de las comunidades, la falta de infraestructura y la exposición constante a actividades al aire libre también incrementan las posibilidades de sufrir un accidente mortal.

El Estado de México encabeza la lista de entidades con mayor número de fallecimientos, seguido por Oaxaca, Michoacán y Guerrero. Dentro del territorio mexiquense destacan municipios como Villa Victoria, San Felipe del Progreso, Ixtlahuaca y Toluca.

Una de las principales preocupaciones se encuentra en las comunidades rurales, donde las actividades agrícolas y ganaderas obligan a muchas personas a permanecer en espacios abiertos incluso cuando se presentan tormentas. La falta de refugios adecuados y de sistemas de protección eléctrica aumenta todavía más la exposición.

Los investigadores también advierten que las condiciones de desigualdad pueden transformar una tormenta eléctrica en una tragedia. Un ejemplo ocurrió en 2015, en El Encinal, Guanajuato, cuando una familia campesina buscó refugio debajo de un árbol durante una tormenta. Un rayo impactó el lugar y provocó la muerte de tres mujeres y cuatro menores de edad.

A pesar de estas cifras, el número de muertes relacionadas con rayos ha disminuido considerablemente en las últimas décadas. Durante los años ochenta, México registraba más de cinco fallecimientos por cada millón de habitantes, mientras que actualmente la tasa ronda los 0.3 casos por millón.

La reducción está relacionada, entre otros factores, con el crecimiento de las zonas urbanas y el desplazamiento de población de áreas rurales, donde existe una mayor exposición a fenómenos meteorológicos.

Sin embargo, estados como Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán y algunas regiones del Estado de México continúan presentando condiciones que mantienen elevado el riesgo.

Ante este panorama, los especialistas plantean reforzar las medidas de prevención mediante la instalación de pararrayos y sistemas de puesta a tierra, mejorar la atención médica de emergencia y establecer espacios seguros para la población durante las tormentas.

También consideran fundamental ampliar la información preventiva, especialmente en comunidades vulnerables, y utilizar mecanismos de comunicación accesibles, incluidas lenguas originarias.

El estudio de la UNAM subraya que la peligrosidad de los rayos no depende solamente de la intensidad de las tormentas, sino también de las condiciones sociales y territoriales que determinan qué sectores de la población tienen mayores posibilidades de protegerse.

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