Román Culebro Martínez

– El gobierno del presidente López Obrador ha decretado la Emergencia Sanitaria hasta el 30 de abril debido a la fase ascendente en la curva epidemiológica del coronavirus.

La Emergencia Sanitaria implica una reducción de las actividades productivas del país debido al aislamiento de las personas.

No hay duda de que la medida es la correcta (aplanar la curva de contagios del virus es lo primordial), sin embargo, la declaratoria de Emergencia Sanitaria debería ir acompañada de un Programa de Emergencia Económica.

Es verdad que el gobierno ha anunciado que destinará 25 mil millones de pesos para apoyar a las pequeñas y medianas empresas (PYMES) afectadas por el coronavirus, sin embargo, dada las condiciones y perspectivas de nuestra economía, es insuficiente.

Muy probablemente, debido al entorno mundial donde se conjugan una caída de la oferta y la demanda agregada en conjunción con malas decisiones de gobierno, la caída del Producto Interno Bruto (PIB) de México este 2020 sea -siendo optimistas- de 5 a 6%.

Para dimensionar la gravedad de ese dato, recordemos las últimas grandes caídas de nuestro crecimiento económico: 2009 (una caída del PIB del -5.3%), 1995 (una caída del PIB del -6.3%) y 1983 (una caída del PIB del -4.4%).

Debido a lo anterior, es necesario que el gobierno implemente un Programa de Emergencia Económica que considere tanto a las familias como a las empresas.

Las transferencias monetarias y los créditos anunciados podrían no ser suficientes para mantener la planta productiva en el tiempo que dure la Emergencia Sanitaria y, en general, para afrontar la recesión asociada con el coronavirus.

Apoyos fiscales y financieros adicionales del gobierno deberían ser considerados (como posponer -no condonar- el pago de impuestos y elevar transitoriamente el déficit público -se trata de una situación excepcional y de emergencia que, de no tratarse, al final de todos modos, debido a la caída de la actividad económica, repercutiría en una disminución en la recaudación fiscal-. De igual forma podría plantearse la prórroga -o la cancelación- de alguno de los megaproyectos, como la Refinería de Dos Bocas, el aeropuerto de Santa Lucía o el Tren Maya y utilizar esos recursos tanto para el sistema de salud como para amortiguar la caída de la economía este 2020).

Es importante que a la par del Programa de Emergencia Sanitaria se diseñe un programa integral de Emergencia Económica, de no ser así podrían verse comprometidas la viabilidad y la sobrevivencia de muchos agentes económicos y el impacto en el empleo, en los niveles de pobreza y, en general, en el crecimiento económico de México será aún mayor de lo que originalmente se ha estimado.

#TuEconomistaDeConfianza

@Roman_CM

Fuente: Coatza Digital

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