Chicago, Estados Unidos, 24 de julio de 2026.- La geoingeniería, un conjunto de tecnologías diseñadas para reducir los efectos del calentamiento global, ha pasado de parecer ciencia ficción a convertirse en una línea de investigación con financiación pública. Aunque ninguna de estas propuestas está lista para aplicarse, científicos de todo el mundo estudian formas de reflejar la luz solar o retirar dióxido de carbono de la atmósfera.

Una de las ideas más controvertidas es imitar el efecto de las grandes erupciones volcánicas mediante aviones que liberarían partículas en la estratosfera para reflejar parte de la radiación solar. El objetivo sería reducir temporalmente la temperatura del planeta, como ocurrió tras la erupción del volcán Pinatubo en 1991, que provocó un enfriamiento global de aproximadamente medio grado durante más de un año.

Otra propuesta busca modificar las nubes del océano para hacerlas más blancas y reflectantes. Investigadores estudian la posibilidad de pulverizar pequeñas gotas de agua salada sobre nubes bajas del Pacífico para aumentar su capacidad de reflejar la luz solar y reducir los efectos de fenómenos como El Niño.

Además de estas técnicas, existen otras estrategias en desarrollo, como las máquinas capaces de capturar dióxido de carbono directamente del aire, la aceleración de procesos naturales para almacenar carbono en minerales, el uso de biochar y los cultivos de algas marinas para absorber CO₂.

Entre las propuestas más futuristas están los espejos gigantes en el espacio, diseñados para bloquear una pequeña parte de la radiación solar. Sin embargo, su alto costo y las enormes dificultades tecnológicas hacen que su aplicación esté muy lejos de ser posible.

Los expertos advierten que estas tecnologías no sustituyen la reducción de emisiones y que podrían generar efectos secundarios difíciles de controlar. La geoingeniería continúa siendo un debate científico y político: algunos la consideran una posible herramienta de emergencia frente a una crisis climática cada vez mayor, mientras otros temen que retrase las medidas necesarias para abandonar los combustibles fósiles.

Por ahora, la ciencia no busca una solución única para enfriar la Tierra, sino desarrollar distintas herramientas que podrían complementar los esfuerzos para enfrentar el cambio climático.

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