● Con tarifas por las nubes y el monopolio de una sola aerolínea, la terminal de Minatitlán se está convirtiendo en un freno para las inversiones de la región.

Por staff Coatza Digital. Ver. — Marzo 2026
Si volteamos a ver los grandes aeropuertos turísticos del país, parece que todo es abundancia. Pero aquí, en el motor industrial de México, la historia que cuentan los radares es muy distinta.

El sur de Veracruz sede del emporio petroquímico más importante del país y ancla de los megaproyectos del sureste, enfrenta una crisis silenciosa. El único punto de conexión comercial, el Aeropuerto Internacional de Minatitlán (MTT), acaba de registrar una caída de más del 10% en su tráfico de pasajeros durante enero y febrero de este 2026, en comparación con el mismo periodo del año pasado.
Esto no es solo estadística, es un síntoma grave de lo que está pasando con los negocios en todo el corredor de Coatzacoalcos y Minatitlán. Y la gran pregunta que surge al ver estos asientos vacíos es inevitable: ¿quién maneja este aeropuerto, por qué volar desde aquí es casi un lujo y por qué nos estamos quedando rezagados frente a otros estados?

ASUR: El gigante privado y el eslabón débil
La terminal de Minatitlán está en manos del Grupo Aeroportuario del Sureste, mejor conocido como ASUR. Hablamos de un verdadero gigante privado que cotiza en las bolsas de valores de México y Nueva York.
Para darnos una idea de su tamaño, ASUR maneja nueve aeropuertos en nuestro país (incluyendo el de Veracruz puerto, Mérida, Oaxaca y Huatulco), además de operar terminales en Colombia y Puerto Rico. En su último corte de febrero de 2026, presumieron al mundo que movilizaron a 5.7 millones de pasajeros, logrando un crecimiento global del 1.6%.

Pero ese éxito tiene truco. El negocio de ASUR respira gracias al turismo, con Cancún siendo la indiscutible joya de su corona. Minatitlán, por el contrario, es una terminal de botas, cascos e industria corporativa. Aquí no viene la gente a buscar playas; dependemos completamente de la salud de la industria petroquímica, del ritmo del Corredor Interoceánico y de la iniciativa privada. Y hoy, los números nos gritan en la cara que esos viajeros corporativos dejaron de volar hacia el sur.

El candado: un aeropuerto carísimo y sin competencia
Si se quiere entender a fondo por qué la gente dejó de volar desde o hacia Minatitlán, hay que revisar a detalle las decisiones económicas que tienen a este aeropuerto contra la pared.

Basta con asomarse a las páginas 274 y 275 del Reporte Anual 2024 que ASUR entregó a la Bolsa Mexicana de Valores. Ahí se revela un dato indignante: el Aeropuerto de Minatitlán opera con la Tarifa de Uso Aeroportuario (TUA) más cara de las nueve terminales que este grupo maneja en México.
Este cobro excesivo no fue obra de la casualidad ni un capricho del libre mercado. A decir de este reporte de ASUR, fue “una decisión unilateral de la Secretario de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes, avalado por el Congreso de la Unión” allá por el 2023, una decisión que entró en vigor en 2024 y hasta el 2028.

A este «castigo» se le suma la falta de competencia. Hoy en día, Aeroméxico es la única aerolínea que ofrece vuelos nacionales e internacionales en este aeropuerto. Estar atrapados entre la terminal más cara de ASUR y el monopolio de una sola empresa ha encarecido los pasajes a niveles absurdos, ahuyentando lo mismo al usuario común que a los inversionistas. A sabiendas de que a menos de 2 horas, se encuentra la terminal de Villahermosa, Tabasco.

Las plantas frenan y los políticos guardan silencio
La caída de más del 10% en el tráfico de pasajeros de Minatitlán en el arranque de 2026 coincide directamente con los problemas estructurales que atraviesa la zona industrial de Pajaritos, Cangrejera y Morelos. Si el puerto marítimo reporta escasez de insumos primarios como por ejemplo, el etano, el aeropuerto resiente inmediatamente la falta de ejecutivos y contratistas. Menos materia prima significa menos negocios, y con tarifas exorbitantes, los asientos quedan vacíos.

Pero lo más revelador de esta crisis de competitividad es el silencio absoluto de la clase política y empresarial. Han pasado casi tres años desde que los legisladores nos recetaron la tarifa más cara del sureste, y hasta la fecha, no hay un solo diputado, senador o los que se dicen líderes de cámaras empresariales locales o regionales, que haya levantado la voz al respecto. Nadie está exigiendo incentivos para traer a otras aerolíneas, y nadie cuestiona por qué la zona petrolera de México tiene que pagar un peaje aéreo tan elevado.

Lo que perdemos
Para una región que busca consolidarse como un «Polo de desarrollo”, estar desconectados por aire es una clara desventaja. Un ejecutivo que quiere meter su dinero en Coatzacoalcos necesita agilidad para entrar y salir. Estas limitaciones restan competitividad.

El Aeropuerto de Minatitlán no necesita playas para ser rentable; necesita romper el monopolio de Aeroméxico y replantear su esquema tarifario. El reto es claro: o los legisladores, las cámaras empresariales y los tres niveles de gobierno rompen el silencio y exigen un modelo competitivo, o el emporio petroquímico y logístico de México correrá el riesgo de quedarse operando, literalmente, aislado del mundo.

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