París, Francia, 16 de octubre de 2026.- En Marte hay una nube que parece seguir un régimen estricto. Durante varios meses de la primavera y el verano del hemisferio sur del planeta rojo, una estela blanca de hielo de agua aparece cada mañana junto al volcán Arsia Mons, se alarga sobre el paisaje y se esfuma antes de que acabe el día. Al amanecer siguiente, la escena se repite. Pero lo más extraño no es su tamaño, sino el proceso al que han tenido que recurrir los científicos para explicar su origen, hasta ahora considerado poco probable en la práctica.

Se llama nube alargada de Arsia Mons (AMEC) y, según la Agencia Espacial Europea (ESA), puede extenderse hasta 1.800 kilómetros, casi la distancia que separa Bogotá de Lima en línea recta. Se forma junto a Arsia Mons –en el lado opuesto por el que llega el viento– y fue la sonda Mars Express, de la propia ESA, la que la identificó en 2018 y ha seguido sus apariciones desde entonces.

Las imágenes revelaron que se trata de una nube orográfica, como las que surgen en la Tierra cuando el viento atraviesa zonas montañosas. No obstante, los modelos meteorológicos convencionales no conseguían reproducir su forma y evolución.

La pista que faltaba para ello la encontró el equipo de Jorge Hernández-Bernal, del LMD/CNRS/Sorbonne Université, al introducir en las simulaciones un mecanismo que hasta entonces solo se había considerado teóricamente para las atmósferas planetarias y que nunca se había observado directamente en ellas.

«Una vez que incorporamos estos fenómenos físicos a nuestras simulaciones, el AMEC surgió tal y como esperábamos», explicó Hernández-Bernal en un comunicado de la ESA.

Nucleación homogénea: de la teoría a Marte
La clave estaba en cómo se llega a formar el hielo. En condiciones normales, las partículas que flotan en la atmósfera sirven de punto de apoyo para que el vapor de agua, al enfriarse, forme gotas o cristales de hielo. En Marte, ese papel se atribuye principalmente al polvo. Pero la AMEC parece saltarse ese paso: el hielo se formaría directamente a partir del vapor, sin necesitar ninguna partícula a la que adherirse.

«Es como si las gotitas de condensación aparecieran en medio de una habitación, en lugar de en una ventana», dijo Hernández-Bernal.

Ese proceso se llama nucleación homogénea y, según el investigador, nunca se había visto en la atmósfera de un planeta. Era, resume, «totalmente inesperado».

El estudio, publicado en Nature Geoscience, señala que ya se había planteado como posibilidad para las nubes mesosféricas de la Tierra y Venus, pero nunca se había observado en la naturaleza. La dificultad está en las condiciones excepcionales que necesita. Según la ESA, este mecanismo exigiría niveles extremos de sobresaturación, con una humedad relativa más de 100.000 veces superior a la que experimentamos habitualmente en la Tierra.

El papel del volcán Arsia Mons
Ahí entra en juego el volcán. Su enorme tamaño cambia el movimiento de los vientos a su alrededor y provoca una onda atmosférica. El resultado es un ascenso vertiginoso del aire húmedo, que gana varios kilómetros de altura en cuestión de minutos. La temperatura cae 30 grados en solo 10 minutos. En esas condiciones, según el modelo, el vapor de agua formaría directamente cristales de hielo, dando origen a la nube.

Según los investigadores, la delgada atmósfera marciana y la altura del volcán se combinan para crear las condiciones excepcionales que favorecerían este proceso.

A pesar de los resultados observados, el modelo no es perfecto. Y es que la simulación todavía presenta diferencias respecto a lo que muestran las observaciones de Mars Express. Aun así, Hernández-Bernal considera «notable» el resultado, especialmente porque los científicos disponen de mucha menos información sobre la atmósfera marciana que sobre la terrestre.

Para desarrollar la simulación, el equipo utilizó datos de tres instrumentos de Mars Express: la Cámara de Monitorización Visual, la Cámara Estereoscópica de Alta Resolución y OMEGA. La sonda cuenta, además, con una ventaja importante al ser una de las pocas naves en órbita alrededor de Marte, junto con ExoMars Trace Gas Orbiter, capaz de realizar observaciones por la mañana, cuando aparece la nube.

El descubrimiento podría tener consecuencias más allá de Marte. Según los autores del estudio, los resultados invitan a revisar algunas hipótesis sobre la formación de nubes en la Tierra y, potencialmente, en otros planetas. Como señala Colin Wilson, científico del proyecto Mars Express de la ESA, comprender esta nube ha requerido una física exótica, «y esto podría ser cierto en otros lugares del cosmos».

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