Eréndira Aquino

– Ciudad de México.- Hermelinda tenía 31 años, era originaria de Hidalgo y vivía en las calles de la Ciudad de México desde los 14 años. Amigos y conocidos, quienes la llamaban “Herme” o “Chinita”, recuerdan que la última vez que la vieron con vida fue el 5 de junio de 2021, cuando aceptó la invitación para ir a un albergue y subió a una camioneta, en la zona del Centro Histórico. Ocho meses después, la asociación El Caracol se enteró de que murió, sin que al día de hoy se conozcan las causas.

“Herme no quería llegar a una fosa común”, comenta en entrevista Luis Enrique Hernández, director de El Caracol. La asociación, dedicada a apoyar a poblaciones callejeras con trámites legales y educación en materia de derechos humanos, realiza desde hace más de una década un conteo anual de fallecimientos de personas sin hogar. Para el periodo de enero a septiembre de 2022, la de Hermelinda fue una de las mil registradas

Pese a que el fallecimiento de Hermelinda se dio en el contexto de su ingreso en un albergue, aún no hay explicación sobre lo ocurrido. De acuerdo con Hernández, debido a que no tenía papeles y no fue reclamada por algún familiar, la mujer llegó al Instituto de Ciencias Forenses (Incifo) como una desconocida, donde no le practicaron autopsia ni permitieron a sus conocidos recuperar su cuerpo para que no terminara en la fosa común.

Según el último censo oficial realizado en la CDMX sobre la situación de las poblaciones callejeras, en 2018, el 22% de las 6 mil 754 personas que vivían en las calles no contaba con documentos de identidad. Hoy, se desconoce cuántas se encuentran en esta situación, que las pone en riesgo de morir sin tener posibilidad de ser reconocidas ni reclamadas.

De las mil personas de poblaciones callejeras cuyo fallecimiento fue registrado por El Caracol en el país entre enero y septiembre de 2022, 899 murieron como desconocidas. Lo único que se sabe de ellas es que el 83.4% eran hombres y el 11.1% mujeres.

En el caso de la CDMX, donde la organización tiene su sede, Hernández señala que se registraron 84 muertes, de 64 hombres y 12 mujeres. La mayoría ocurrió en las alcaldías Cuauhtémoc (21), Iztapalapa (12), Gustavo A. Madero (10) y Venustiano Carranza (9).

ACCIDENTES DE TRÁNSITO Y VIOLENCIA LETAL

De los casos con los que se cuenta información sobre las causas de muerte en la CDMX, las principales fueron los accidentes de tránsito (9), riñas y agresiones (9), hipotermia (6) y suicidio (5).

Al desagregar los datos por sexo, la asociación encontró que el 33.3% de los fallecimientos de mujeres fue cometido con violencia feminicida y que el 26.73% de los hombres fue asesinado de manera intencional. En ningún caso se tiene registro de que haya personas detenidas o sentenciadas por estos delitos.

“Aunque se cuenta con poca información, lo relevante es que con estos datos existe la posibilidad de visibilizar que quienes viven en la calle están muriendo por eventos vinculados a la violencia, lo que nos invita a reflexionar cómo impulsar acciones para que se reconozca el fenómeno y que estas personas puedan ser recordadas, y como dicen sus propios compañeros, también puedan ser lloradas, como cualquiera en una situación similar”, dice Hernández.

Los datos de la campaña “Chiras Pelas Calacas Flacas” fueron presentados el miércoles por El Caracol en un foro, en el que la organización hizo un llamado a las autoridades a trabajar a favor de las poblaciones callejeras, quienes siguen muriendo por “causas excesivamente prevenibles vinculadas con el estado de pobreza y precariedad por el que pasan en vida”.

Durante el encuentro, el director de El Caracol destacó que hasta ahora no hay política pública a nivel local o nacional para atender a las poblaciones callejeras, más allá del ofrecimiento de ir a albergues, espacios a los que muchas personas se niegan a ir, porque denuncian que están en malas condiciones o que reciben malos tratos.

“El único trabajo de prevención que hay, hasta ahora, es el que tenemos con la campaña, que nos acerca con ellos para platicar sobre los riesgos que hay para la población en las calles, lo que sirve para implementar modelos de reducción de daños. En pandemia, por ejemplo, hablamos de la importancia de las vacunas, y de manera permanente tocamos el tema de consumo de drogas o de la violencia y sus derechos”, agregó.

EL MIEDO DE TERMINAR EN LA FOSA COMÚN

Entre los especialistas que acudieron al foro se encontraba Rosalinda Rodríguez, quien habló sobre su experiencia viviendo en la calle. Salió de su casa en Acapulco, Guerrero, a los 13 años, donde sufrió maltrato físico y abuso sexual durante su infancia. Desde entonces, hizo de las avenidas de la CDMX su hogar y ahí vio morir a más de uno de sus compañeros.

“Cuando los chavos están lesionados o se ponen mal, pasa que pedimos ambulancias, pero estas no llegan. La gente es indiferente cuando un chavo de la calle se muere, siempre nos hacen a un lado, pero entre nosotros somos como una familia, para mí son mis hermanos, primos y tíos, y es por eso que cuando alguien muere nos importa recuperar el cuerpo, para que no vayan a la fosa común”, explicó.

Rosalinda forma parte del 1% de las personas que, según El Caracol, consigue salir de la vida en las calles. Con apoyo de la asociación, logró tramitar sus documentos de identidad, y pudo rentar un cuarto donde ahora vive con sus dos hijas. Pese a ello, la mujer dijo a los asistentes al foro que el miedo de terminar en la fosa común la acompaña todavía.

“El Caracol me ayudó a salir de las calles con mis hijas. Pero para mí es difícil buscar un trabajo para sostener esta vida, y yo estoy enferma… la verdad es que tengo miedo, miedo de dejar a mis hijas y que tengan que pasar por lo mismo que yo viví, y que a mí me avienten a una fosa común porque no tengo más familia”, expresó.

Es por eso que, además de dedicarse a vender tacos de canasta y limpiar parabrisas, continúa colaborando de cerca con El Caracol y convive con quienes fueron sus compañeros de vida en las calles, a quienes apoya para tratar de recuperar los cuerpos de quienes mueren sin identidad.

“Cuando vives en las calles los conoces de cerca, sus cicatrices, tatuajes, sus nombres y apodos. A veces es eso lo único que nos permite acreditar que son ellos cuando sus cuerpos son trasladados por las autoridades forenses y hay que reclamarlos en el Ministerio Público, aunque en los últimos años ha sido imposible recuperarlos. Cada vez hay más requisitos”, agregó.

Al respecto, Hernández indicó que en los últimos tres años la asociación no ha logrado la recuperación de cuerpos de personas en situación de calle. Anteriormente, bastaba con demostrar que la persona tenía una red de conocidos que reclamaban el cadáver, pero ahora se exige la presentación de un familiar.

Ante esta situación, este año la asociación decidió realizar un homenaje a aquellas personas de poblaciones callejeras que han fallecido en la CDMX colocando cruces con sus nombres en los lugares donde se han registrado la mayoría de las muertes.

En inmediaciones de las estaciones del Metro Juárez, Cuauhtémoc, Candelaria, Tasqueña, Garibaldi y La Raza, donde se concentran grupos de personas de poblaciones callejeras, fueron colocadas cruces negras en las que se lee: “En memoria de todas las personas que habitaron la calle y perdieron la vida. Siempre los vamos a recordar”.

Fuente: Animal Político

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