Román Culebro Martínez

– Este 15 al 18 de noviembre tendremos la novena edición del Buen Fin, el cual, como sabemos, es una iniciativa tomada del Black Friday norteamericano que busca reactivar la economía ofreciendo descuentos a los consumidores.

Sin embargo, la influencia que ha tenido el Buen Fin en el consumo nacional es mucho menor que su hermano norteamericano.

A nueve años de su puesta en marcha, ha servido, sobre todo para darle mayor dinamismo a la actividad comercial de noviembre, pero sin contribuir significativamente en la macroeconomía.

El Buen Fin más que un beneficio para la macroeconomía, puede ser una gran oportunidad para la microeconomía.

En principio se trata de un juego ganar-ganar donde empresas y consumidores pueden obtener beneficios: empresas incrementando ventas y consumidores trasladando consumo a través del tiempo.

Por supuesto que para llegar a esa situación se requiere moverse en una curva de aprendizaje tanto de lado de los vendedores como de los consumidores.

Para los vendedores la recomendación es comenzar a planear sus descuentos desde un año antes y no solamente tratar de sacar inventarios no vendidos.

Es importante recordar que, entre más comercios se vayan sumando al Buen Fin, la competencia entre los vendedores es mayor por lo que disminuyen los incentivos a hacer trampas a riesgo de que el siguiente año ya no tengan ventas o pierdan credibilidad.

Sin embargo, la recomendación principal para este Buen Fin va para nosotros los consumidores.

Que realmente sea un Buen Fin y no un mal año próximo de deudas depende en gran parte de nosotros.

Es necesario que nos convirtamos en consumidores inteligentes.

Para ello van los siguientes consejos:

Primero: No compremos en la primera oferta que veamos, sino que nos demos tiempo para buscar muchas opciones y comparar precios.

Segundo: De preferencia buscar ofertas al contado. Si vamos a usar la tarjeta de crédito para aprovechar los meses sin intereses hay que tener cuidado de no exceder nuestra capacidad de endeudamiento.

Y recordar que lo ideal es que, con la tarjeta, adquiramos siempre productos con una vida útil mayor al plazo de deuda. (Es decir si una camisa me dura dos años no convendría comprarla a 36 meses sin intereses).

Por cierto, es importante guardar los vouchers de compra de las tarjetas ya que no solo nos servirán para hacer posibles reclamaciones, sino que, recordermos, en el Buen Fin participan en un sorteo donde se puede ganar el reembolso de las compras hasta un monto de 250 mil pesos.

Y, finalmente, el último consejo es informarnos de la seriedad de las ofertas, para ello la Procuraduría Federal del Consumidor tiene ya habilitado en Internet(https://elbuenfin.profeco.gob.mx/) el programa “Quién es Quién en los Precios para el Buen Fin”, el cual monitorea más de 400 diferentes productos en todo México.

El Buen Fin puede ser una gran oportunidad si lo usamos a nuestro favor siendo consumidores inteligentes y no comprando por impulso.

@Roman_CM
#TuEconomistaDeConfianza

Fuente: Coatza Digital

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